En inglés se lo llama Standards-Based Assessment y se lo podía definir como un sistema de evaluación que tiene su razón de ser en el proceso de aprendizaje del alumno más que en la nota resultado de la evaluación misma.
A través del uso de este sistema se le da al alumno más información sobre su proceso de aprendizaje, durante el mismo y no al final de una etapa. La identificación de áreas específicas dentro de una disciplina y el uso de rúbricas le permite comprobar su grado de dominio de cada área a lo largo del curso, y le da la oportunidad de ser reevaluado por medio de ejercitación adicional o de reuniones con el profesor. La reevaluación se ofrece para que el alumno tenga la oportunidad de practicar o reaprender un concepto y demostrar que lo ha internalizado.
Este año decidí implementar este sistema en una de mis clases de ELE y llegué a la conclusión de que si bien concuerdo con los principios, la aplicación en sí no es tan fácil como parece.
De entrada, hay que pensar en qué se va a evaluar específicamente y cómo se va a evaluar. En principio, creí que podría simplemente pasar de las cinco categorías en las que venía concentrándome desde hace unos años (1. participación y trabajo de clase, 2. proyectos y presentaciones, 3. tarea, 4. pruebas y quizzes, 5. examen trimestral) a centrarme en las destrezas (comprensión auditiva, comprensión lectora, expresión oral, expresión escrita) y además incluir aspectos actitudinales (comunicación y preparación).
Posteriormente, dividí cada categoría en cuatro niveles (1 (mín.)-4 (máx.)) y a cada una le asigné un descriptor. Para diseñarlos me valí de recursos tales como los criterios del College Board AP Spanish Test, How to Grade for Learning de Ken O´Connor y la ayuda de mis colegas. Empecé entusiasmada, pero a lo largo del trimestre me encontré con numerosos cuestionamientos por parte de mis alumnos, quienes están acostumbrados a una escala más tradicional: A-F, 100-0%. Percibían una gran diferencia entre un 3 y un 4 puesto que correlacionan un 3 con un 75% y un 4 con un 100%, así que creían que sus notas recibirían un gran impacto fuera cual fuera la dirección que tomaran. En la escala que utilizaba con anterioridad los porcentajes ofrecían la siguiente correlación:
A: 93-100%, A-: 90-92%, B+: 87-89%, B: 83-86%, B-: 80-82%, etc.
En la escala de 1 a 4, intenté no pensar en porcentajes, aunque era inevitable que las notas terminaran por promediarse para poder incluirse en los analíticos, y encajar en el sistema global. Esto trajo a colación más preguntas por parte de los alumnos y un cuestionamiento propio sobre la utilización de una escala diferente.
Tags: alumnos, ELE, estándares, evaluación, Standards-Based Assessment